Antología

1.

Con el toque de queda,

sagrado como el sueño de un lactante,

un murmullo de uñas

bajo el escombro

desentraña raíces,

extirpa dátiles,

se disputa la sangre

de las acequias.

Al ritmo del obús, los escuadrones

pisan dientes de ajo

y la lengua de fósforo se expande

por jaimas y arrabales.

El enjambre de balas y mandíbulas

muerde los torsos jóvenes,

perfora

la piel hasta los huesos.

Como un camello herido en una pata,

Diwaniya agoniza en el desierto

marcada por la orina

de los chacales.

2.

La chica de la curva peligrosa

quiso tocar las flores del arcén.

Enterraron su cuerpo en la cuneta.

Vidrio suave sus ojos

tienen el tono azul de un mar deshabitado,

el pelo le acaricia los tobillos,

las larvas no se atreven a morderla,

las raíces formaron atalayas

protegiendo su cuerpo de la lluvia;

bajo el manto freático reposa

el milagro engastado en cera virgen.

Una cruz en el suelo es un tesoro

oculto bajo un párpado de tierra.

3.

Entre la víctima y la bala,

el niño y el estanque, el reo y el patíbulo.

Entre la mina y el soldado,

el púgil malherido y la campana,

el turista y la trampa para osos.

Entre la herida y la gangrena,

el barbo y el anzuelo,

la célula y el cáncer,

el perro vagabundo y la estricnina.

Entre la cuerda y el vacío.

4.

Ella dijo…

–Eras como un suspiro en un cuadro de Munch.
La sombra sin alumno del recreo.
El chaval de uniforme transparente
que se deja el pijama
bajo la ropa.

–Todos tus compañeros conocían
el consejo de Freud,
“apalear al loco mientras duerme”;
hice lo propio, niño. Era cuestión
de supervivencia.

–Y aunque ahora te camufles
bajo un grueso foulard de fibra óptica,
no hay lentes graduadas que corrijan
las gotas de marrón
melancolía
que oscurecen el iris de tus ojos.
Ese velo de luz contaminada,
¿desde cuándo gotea?

–Me das pena, muchacho.
Deberías hacerte una biopsia
de glándula pineal.

Acabado el café,
nos besamos. Corrijo: la besé.
Rectifico: intenté darle un beso
mientras se limitaba a sonreír
formando una frontera con los dientes.
Guardé mi lengua y la mastiqué un poco.

Cada uno a su casa.

(inédito)