Es triste reconocerlo, pero Houllebecq tiene razón; la mejor
obra del hombre no son sus ideas, sino su tecnología. Dentro
de un millón de años, todo esto seguirá igual; no quedarán
hombres, nuestra literatura y nuestra filosofía se habrán olvidado,
nuestras religiones y el dinero, nuestro amor y la sabiduría,
todo será arena invisible, polvo devastado, nada. Pero estas
gafas que llevo, guardadas en un estuche y enterradas en esta
duna, seguirían sirviendo a un imposible miope. Si un ser
nuevo viniera, dentro de un millón de años, a estos parajes,
podría escribir con este modesto lápiz de grafito. Podría
ponerse este anillo, podría leer lo escrito en los plásticos de
identidad y crédito, y guardarlo todo en esta bolsa de polivinilo.
Podría ponerse este anillo. Podría mirar con los prismáticos.
Estos objetos no durarán solamente más que yo. Serán perfectos
más allá del fin de los tiempos, y darán la medida de lo que
fuimos.

Tiempo, Vicente Luis Mora

14Ene10

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Mesa de trabajo

18Dic09

Mesa de trabajo en mi habitación de la Residencia de Estudiantes

UN POETA CONTEMPLA A SU MADRE LEYENDO

Un poeta contempla a su madre leyendo.

Lilas frescas en agua. Su madre
lee el libro de Sir Arthur sobre un misterio
de hadas victorianas. La luz
se tinta del color de esas flores, la estancia
-mientras prende la chimenea la tímida llegada de la noche-
respira como el pecho henchido de un petirrojo.

La contempla. Y un día,
cuando tiempo después recuerde esto,
podrá sentir aún
desvanecerse en su propia blancura
los fantasmas, y la firme serenidad de aquella mano
hermosa e invisible
que me apartaba de ellos, como restos de gasa
o jirones de niebla, toda inquietud, todo dolor, ese batir
inmóvil de alas que es la muerte.

(Armonía
es el secreto contra la blanca dama alada.
Armonía
sólo contra la muerte).

Biografía impura. Editorial Vandalia, 2009

Loewe para Rey

EL poeta Fernando Valverde enviaba un correo masivo hace unas semanas solicitando que Granada sea nombrada capital de la poesía. Hace quince años yo hubiese firmado con total naturalidad ese manifiesto, porque entonces sí gravitaban todos los ejes de la sociología poética sobre esta ciudad, sostenido por una iconografía latente que recogía el mito de García Lorca, por una Universidad que alimentaba una corriente de pensamiento que trataba de algún modo ofrecer una visión civil de la poesía, y por un puñado de poetas, entonces jóvenes, que ofrecían nuevos horizontes a los que entonces empezábamos. Hace quince años Luis García Montero ganaba el premio Loewe de poesía con Habitaciones Separadas, libro que tendría varias reediciones, y que alguien recomendaría a Aznar para que lo mostrara con falso disimulo a la entrada del Congreso de los Diputados; una pátina cultural, un gesto de amabilidad para que la entrada de la derecha no fuese vista como la llegada de los bárbaros.

Quince años después llega este correo y yo no puedo firmarlo. No porque tenga algún reproche personal contra Granada, sino porque resulta una afirmación, al menos, poco exacta. Es verdad que tienen un festival de poesía, que hay poetas importantes, pero creo, sinceramente, que hoy por hoy esa capitalidad -al menos, la de la poesía- le corresponde a Córdoba. Sería interminable la cantidad de nombres y premios que podría aducirse en su favor, pero yo me quedaría con los últimos, con los más llamativos: un premio Hiperión, el más importante de la poesía Joven; el de la crítica, el más importante a un libro ya publicado; y el Loewe, el más importante a un libro no editado. Los tres son cordobeses. Sólo nos faltaría, quizá, el nacional de poesía, pero tiempo al tiempo. Porque este Loewe de José Luis Rey será, sin duda alguna, uno de los candidatos más firmes el próximo año. Puede que este argumento sea repetitivo, pero tal vez nos estemos acostumbrando a una bendita rutina. Los que no sean del gremio pensarán, “otra vez”, y habrá quien se preguntará el porqué de esta coincidencia. Yo no creo que sean coincidencias. Hay semillas que se plantaron hace años. Ha habido gente que en silencio y sin fastos económicos ha regado este jardín. Hay complicidades generosas que propiciaron el flujo de ideas de Córdoba al exterior, del exterior a Córdoba. El caso de José Luis es significativo. No es sólo un poeta excelente, que no acaba precisamente de nacer; es también alguien que ha estudiado como pocos la obra de poetas mayores como Pere Gimferrer. Un poeta que lejos de enredarse en polémicas provincianas y de pequeño recorrido, han trabajado por una obra mayor, de largo aliento, desde la humildad del folio en blanco pero con la vocación de ser un poeta grande. El poeta que ya es. El premio Loewe es ese premio que se suele ganar en la madurez de la vida, y son escasos los casos de alguien menor de cuarenta años; García Montero y José Luis Rey. Sólo si a José Luis le va la mitad de bien que al granadino, nos daremos sus amigos con el canto en los dientes.

Que la poesía es un factor a tener en cuenta cuando abordamos la sufrida candidatura a la capitalidad es algo que no deberíamos poner en duda. Los hechos así lo expresan. No obstante, deberíamos huir de una posición ventajista; al fin y al cabo, por mucho que hablemos de un buen ambiente para la poesía, los réditos culturales de un escritor sólo corresponden a sí mismo. Un instrumentista de clave puede dar las gracias a quien le prestó el instrumento, o el director de cine a las instituciones que le prestaron el apoyo en forma de dinero; un poeta se basta con lápiz y papel, con lo que sus éxitos son suyos en exclusiva. Pero tanto José Luis, como Eduardo García o José Daniel García han tenido la generosidad de compartirlos con todos, de hacer ciudad en todas sus actitudes. Su esfuerzo individual, en noches silenciosas de trabajo robado al sueño y a la familia, lo ponen también al servicio de una idea colectiva. Estaría bien, por parte de la ciudad y en correspondencia, reconocerlo de algún modo.

Pablo García Casado

Fuente: Periódico El Día de Córdoba

Publicado el 21 de noviembre de 2009

http://www.eldiadecordoba.es/article/opinion/568179/loewe/para/rey.html

El próximo miércoles, 11 de noviembre, a las 8 de la tarde, el cordobés Joaquín Pérez Azaústre -poeta, ensayista, narrador e ilustre representante de la literatura de calidad- hablará de su obra inédita y de sus inquietudes creativas con el público asistente a la Delegación de Cultura de Córdoba (c/Capitulares). No os lo perdáis.

Ella dijo…
–Eras como un suspiro en un cuadro de Munch.
La sombra sin alumno del recreo.
El chaval de uniforme transparente
que se deja el pijama
bajo la ropa.

–Todos tus compañeros conocían
el consejo de Freud,
“apalear al loco mientras duerme”;
hice lo propio, niño. Era cuestión
de supervivencia.

–Y aunque ahora te camufles
bajo un grueso foulard de fibra óptica,
no hay lentes graduadas que corrijan
las gotas de marrón
melancolía
que oscurecen el iris de tus ojos.
Ese velo de luz contaminada,
¿desde cuándo gotea?

–Me das pena, muchacho.
Deberías hacerte una biopsia
de glándula pineal.

Acabado el café,
nos besamos. Corrijo: la besé.
Rectifico: intenté darle un beso
mientras se limitaba a sonreír
formando una frontera con los dientes.
Guardé mi lengua y la mastiqué un poco.

Cada uno a su casa.

22Sep09

boronia

El próximo jueves, a las 21.00 horas, en la sala Victoria (Paseo de la Victoria de Córdoba, antigua caseta de El Círculo) se celebrará la presentación de la revista Boronía con una fiesta por todo lo alto. Presentada por Ajo, quien también ofrecerá la sesión de dj “Speed & Bacon (velocidad y tocino)”, contará con las actuaciones de Antonio Fernández Escobar, Karen Rubio y Hugo López, Laura Palmer, Tarik y la Fábrica de Colores y otros artistas invitados. Entrada libre.

“…mis relaciones con los medios intelectuales son pocas porque los intelectuales como clase me aburren bastante. No son gente que parezca divertida para tomarse unas copas o para salir por ahí. Y, encima, los intelectuales son los que menos hablan de literatura, son los que menos se interesan por la cultura, por el arte y esas cosas… viven en un mundo de cotilleos.”
Declaraciones de Eduardo Haro Ibars a la revista La Luna de Madrid. Marzo, 1984.

Sucribo todas sus palabras.

A la hora en que los sueños se vuelven verdad
al despuntar el día
vi los labios abrirse
pétalo a pétalo.

En el cielo brillaba una delgada hoz.
Temí que los segara.